Una
señora de unos sesenta y bastantes años llega con velocidad a la caja donde me
van a cobrar mi compra. Dice el nombre de la cajera, como si la conociese y la
cajera le responde que ese no es su nombre, y sin mediar más palabra dice que
ella y su marido han comprado, mostrando el tique, tres detergentes y que en el
coche sólo tienen dos. La cajera se pone a mostrarle atención, dejando de
atenderme a mí, lo cual yo entiendo y permanezco callado. Mira en el cajón de
artículos de la caja y le pregunta a una compañera, mientras la señora sigue
diciendo que eso no puede ser y que está segura de que lo habían comprado. El
tique, obviamente, demuestra que lo habían comprado.
A
la tercera vez que lo dice, yo ya necesito intervenir en defensa de la cajera y
digo, con voz calmada que, si en el tique lo tiene, es que se muestra que lo
han comprado y que han pasado por caja, por tanto, quien lo ha comprado es
quien lo ha perdido.
La
señora levanta la voz y dice que ella no ha reclamado y le exige a la cajera
que diga si le ha reclamado algo a ella, a lo que la cajera responde
naturalmente que no y le manda a la caja central, por si algún otro compañero
lo dejó allí. Al rato la veo venir de caja central, con su bote de detergente y
me mira enfadada, diciendo que no era para tanto. Yo, hasta le di la
enhorabuena. Yo no me enfadé, sino que lo hizo ella, sea por nervios o lo que
sea, pero es ella quien me reprende a mí.
Cuando
se había marchado, la cajera, espontáneamente, me dijo: “Hoy te va a tocar todo
a ti”, pues ya me escuchó un comentario que no viene a cuento, pero sólo sobre
las tonterías que se dicen a veces. La cajera, motu proprio, me dio la razón sobre
que mi postura era la sensata.
Hoy he descubierto de dónde viene el victimismo y no es de una generación posterior, como yo pensaba, sino de otra generación, mayor que la mía, que debería de ser responsable, estar curtido en mil batallas, ser paciente y responsable, y lejos de ver el mal en los demás, verlo en los propios actos y hechos, como es el caso. Hoy me he dado cuenta que no es así, que hay una generación de los últimos años de la dictadura que ha implantado este victimismo y, lejos de asumir sus fallos y errores, nos culpa a los demás de que no estén tan bien como quisieran. Esto lo han trasladado a las mentes sensibles de otras generaciones y así está el patio: egoísmo, hipocresía, polarización, odio, violencia… Victimismo.


